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jueves, 17 de noviembre de 2011

La ciudad de los niños.. por los niños y para los niños

Hace un par de semanas tuvimos el "gustazo" de ser invitadas a una sesión con el Prof. Fancesco Tonucci, además de otros profesionales de diferentes áreas, para hablar entre otras cosas, de la intervención de los niños en la vida de las ciudades, para que vivan con libertad su infancia y la posibilidad de jugar sin restricciones.  Para comenzar el Prof. Tonucci lanza una frase que nos dejó pensando "las ciudades son inseguras porque no hay niños en la calle".




Para quienes no le conocen aún, el Prof. Francesco Tonucci (Italia) Nació en 1940, es maestro y pedagogo. Desde hace más de 3 décadas llevá dibujando la vida "con ojos de niño" con el seudónimo de FRATO.




Ha investigado el desarrollo infantil, el aprendizaje de la lengua, el desarrollo de las capacidades expresivas del niño, la formación de los maestros, y en los últimos años ha dedicado especial atención a las representaciones mentales de los niños, a la educación ambiental, tecnologías didácticas y la relación entre el niño y la ciudad. Vale la pena darse un paseo por su web: http://www.lacittadeibambini.org/ para conocer mejor sus propuestas hacia la infancia.

A continuación, compartiremos un relato del Prof. Tonucci, que pone de manifiesto algunas de las prácticas poco racionales en educación (tomado de la revista Cuadernos de Pedagogía):


Un niño gitano llega a la escuela, con el curso empezado, como ocurre frecuentemente cuando se es nómada. La profesora lo recibe gentilmente
en clase y lo presenta a los docentes y a sus compañeros y compañeras. Terminadas las presentaciones, al señalarle el banco, le dice: “ Ya conoces tu clase, ahora puedes ir a sentarte a tu sitio”. El niño la mira estupefacto y contesta: “¡Pero aún no estoy cansado!”.

Un maestro de primero de básica, que quiere hacer con su alumnado un experimento de observación científica, lleva a la escuela un cucurucho de boquerones frescos comprados en el mercado y pone uno en un platito de plástico delante de cada alumno. Un niño se pone a llorar desesperadamente. El maestro se acerca, se pone junto a él y le pregunta por la causa de su llanto. El niño contesta entre sollozos: “ No me lo quiero comer...”. El maestro, asombrado, responde: “Pero ¡claro que no!, ¿es que comes peces crudos?”. Y el niño responde: “No, pero como estamos en la escuela”.

Son dos pequeñas anécdotas contadas por maestros, buenos maestros, que las han vivido, y que demuestran que la escuela con frecuencia presenta a sus alumnos y alumnas propuestas poco claras, poco comprensibles. La primera es obvia. Se da por descontado, es natural, que en la escuela se esté sentado, todos sentados durante muchas horas seguidas. Es evidente que ahora no es como antes, cuando todos teníamos que estar sentados y compuestos en el banco, con los brazos cruzados y la espalda recta, pero es muy raro que se permita a los alumnos levantarse o estar en posiciones distintas a la de estar sentado. Los profesores se justifican diciendo que sería imposible tener treinta alumnos, si cada uno hiciera lo que quisiera o fuera donde le apeteciera. Además, los alumnos aprenden enseguida que en la escuela existen estas reglas y se adaptan. Es necesaria la llegada de un niño gitano, tan alejado de las ideas de la maestra, para tener una respuesta sincera y normal....



Para pensar en ello...

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